Jueves, 24 de Septiembre de 2026
El abastecimiento y distribución de gas licuado de petróleo (GLP) en Bolivia está siendo atravesado por dos situaciones que tensiona su normal funcionamiento: por un lado la escasez durante por un declino en la producción y el contrabando de las garrafas con Argentina, por el diferencial de precios.
Baja producción
La baja producción de este año, que se viene arrastrando desde hace bastante tiempo, provocó escasez de gas envasado durante la última temporada invernal. Para dar cuenta se debe recordar la caída de la producción de gas natural de 61 a 27 millones de metros cúbicos diarios, lo que impacta directamente en la producción de GLP, que se obtenía como gas asociado.
De esta forma, tanto las plantas refinadoras de Sankata y Gran Chaco no tienen suficiente gas para procesar. Por eso desde hace años, se comenta en los medios que, más tarde o más temprano, la importación de GLP será irreductible. Frente a esta situación, el actual gobierno entiende la situación y es muy probable que el próximo año no importe butano o propano, sino petróleo crudo para refinarlo esos dos establecimientos.
Contrabando
En los últimos días, medios bolivianos reflejaron el malestar de comerciantes de la ciudad de Villazón, la ciudad boliviana ubicada frente a La Quiaca, Argentina, donde indicaron que hay garrafas bolivianas vendiéndose en territorio argentino.
Esto se debe al diferencial de precio: un cilindro de 10 kilos en Argentina está entre 18 y 20 dólares. Mientras que el precio en Bolivia ronda los 3,5 a 4 dólares por la misma cantidad. Ese contrabando, genera pingues negocios para los avivados de siempre.